Saber hacia dónde vamos y lo que queremos es fundamental para no distraernos en la mitad del camino.

Riesgo de confundir las metas

Trato siempre de dejar claro la importancia de conocer el enfoque. Saber hacia dónde vamos y lo que queremos es fundamental para no distraernos en la mitad del camino. Cuando confundimos las metas, corremos otras carreras y llegamos a otros destinos. Alguien que pretende darles a sus hijos lo mejor, de repente, pasa demasiado tiempo en el trabajo porque cree que así les conseguirá, pero el tiempo va transcurriendo, los hijos se van de la casa y ya no escuchan sus consejos. ¿Por qué? Pues les brindó una excelente situación económica, pero nunca les acercó un consejo, su afecto, su compañía. Él alcanzó una meta que no quería conscientemente y no era la que buscaba. Corrió una carrera que no proyectaba.
Los procesos que vivimos requieren que nos detengamos, ya que no por mucho correr, llegaremos más lejos. A veces, debemos parar y evaluar si estamos en la ruta correcta,  si tomamos el rumbo adecuado, pues quizás estemos yendo a otro lugar.
He tenido en tratamiento a muchas personas que se extraviaron en sus procesos. Jóvenes que comienzan a recuperarse de las adicciones y a mitad de camino se ponen de novio con alguien del Programa de Educación Emocional que impartimos o consiguen un trabajo por algún contacto del mismo. He visto cómo comienza a menguar su ánimo y motivación para continuar con el proceso de reeducación y sin siquiera darse cuenta, un día, lo abandonan, porque afirman haber encontrado lo que buscaban. El problema es que, al tiempo,  se dan cuenta de que no gobiernan ciertas fases de sus emociones y reiniciando el programa. 
Un muchacho que estaba en recuperación de su adicción a la cocaína y una jovencita con episodios de ira y depresión muy frecuentes se incorporaron al programa. Ambos tuvieron una buena evolución. De pronto,  comenzaron a relacionarse, lo que  en ese espacio  está prohibido para evitar que pase lo que pasó. Ellos se pusieron de novios contra nuestros consejos de no distraerse y, al poco tiempo, se casaron. Por un lado, me preocupó; por el otro me puso contento. Sin embargo,  hasta la actualidad ambos fluctúan entre separarse o seguir juntos. Él ha tenido algunas recaídas respecto del consumo y, poco tiempo atrás, tuvo un episodio de ira con violencia física. Debían esperar un poco más, no distraerse de la meta. 
Cuando terminamos las etapas en los tiempos adecuados, todo resulta fácil. Muchas veces, en el afán de llegar más rápido, tomamos caminos que nos desvían de la meta principal. No porque algo vaya en la misma dirección por un tiempo significa que negociaremos con esa idea. Debo evaluar si no me desvía del camino. Debo saber si el resultado final no me lleva a otros resultados.
Dialogaba con un paciente en una entrevista.
¿Por qué has dejado tus estudios, Emanuel? – le pregunté al muchacho.
Conseguí un trabajo, y la verdad es que me pagan muy bien – me contestó.
Pero este es un tiempo para estudiar, ¿por qué lo dedicas a trabajar? Sé que tus padres están en condiciones de darte el dinero que necesites para esta etapa.
Es que yo estudio una carrera universitaria para conseguir un trabajo,  ¿no?, pues bien,  ya lo conseguí,  ¿para qué  seguir renegando? – parecía ofuscado. 
Pues para que,  en el futuro, seas tú  el que de trabajo y no lo estés pudiendo – traté de explicarle.
Pues es cuestión de cómo se vea, prefiero tener pájaro en mano que cien volando – afirmó. 
¿Y tú? ¿Eres de los que cambian las metas a mitad de los procesos? No confundas tus procesos.
 

Extracto del libro “Vivir el camino” del Dr. Sebastián Palermo.