De soñadores a emprendedores de sueños.

¿Cómo mantener la visión activa?

Todos abrigamos deseos. Lo cierto es que los deseos nos llevan a soñar. Personalmente,  no creo que exista un solo ser humano que no desee algo. Si alguien dijera que no desea nada, sospecharía que aprendió a negociar con su temor a no lograr alcanzar sus metas. Ahora bien, ¿por qué las personas interrumpen sus sueños? Cada vez es más difícil ver gente que crea en sus sueños. 

Hace unos años que trabajo en la formación  de carácter de jóvenes, dentro de la asociación civil Nueva Mente. He tenido la oportunidad de tratar a cientos de jóvenes entre 17 y 30 años de edad que se acercan al programa buscando recursos sociales para desarrollar una mejor calidad de vida y orientación a sus conflictos emocionales. Un patrón común en la mayoría de ellos es la dificultad para visualizar su futuro. Cuando les preguntaba cómo se imaginarían en el futuro,  no sabían qué responder y cuando lo hacían, apenas balbuceaban algunas palabras poco convincente.
Cierta vez, se presentó una pareja de novios, que querían casarse y venían a pedir consejo:
Me alegra mucho la decisión – les dije-. Creo que en él matrimonio me ha ido muy bien y por lo tanto lo recomiendo, ¿Qué esperan de los próximos años? – les pregunté.
Fue graciosa la reacción, parecía que les hubiera hecho una compleja pregunta de física cuántica. Se miraron entre ellos y el chico respondió:
No tengo la más pálida idea de lo que me estás preguntando.
¿Cómo van a mantenerse? ¿Qué planes y metas tienen para desarrollarse? – volví a preguntar,  siendo más preciso.
No lo hemos pensado bien,  tengo un empleo de cadete, supongo que eso por ahora basta – dijo el muchacho. 
Claro, por ahora basta, pero ¿cómo planificas crecer? 
La verdad es que no pensamos en eso, supongo que espero que las cosas cambien.
Pero si no haces nada para que cambien, ¿por qué cambiarían?
Este ejemplo resulta práctico para visualizar por qué las personas no se animan a soñar o a tener visión de lo que son capaces, y no lo hacen por dos motivos o porque no saben que es posible un futuro distinto, o porque se impregnaron de la creencia de que es posible para otros,  pero no para ellos.
Estamos en la era del cementerio de los sueños. Quedan pocos emprendedores de sueños, hay muchos soñadores, pero pocos emprendedores. La diferencia entre un soñador y un  emprendedor de sueños es que el soñador se queda deseando el sueño, mientras que el emprendedor lo convierte en necesidad y comienza el camino hacia su concreción. No entiendo por igual a un emprendedor de sueños que a un emprendedor de proyectos. Este último puede iniciar un microemprendimiento que no responda a sus sueños, sino a una oportunidad o a una necesidad económica. El emprendedor de sueños hace lo necesario para cumplir su propósito, aquella meta que le da satisfacción y sensación de plenitud.
¿Por qué  asumir que no podemos  desarrollar nuestros proyectos? ¿Por qué no nos animamos a mirar aquello que sí es posible?
No te preocupes por el tiempo, no te impacientes, porque perderás objetividad; no dejes que el temor de los demás se convierta en regla. La mayoría tiene miedo a correr riesgos, pero a nadie le gusta reconocer que tiene miedo. Esgrimen fundamentos racionales para justificarlos y cambian el nombre: “No se trata de miedo, se trata de prevención y estrategia de desarrollo”; “No se puede hacer nada sin dinero”; “No se puede cambiar si siempre he sido así”; “No se puede poner en riesgo a la familia”; “Nadie en mi familia hizo esto nunca”. Y muchos “no se puede” más. 
Es una regla bien simple. Lo frecuente es ir hacia lo seguro. El mandato es no salir de la zona de seguridad, de la zona de confort. Lo contrario no solo es peligroso, sino que deja en evidencia la cobardía de quienes no se animaron. Ese es el motivo por el que muchos se opondrán a nuestros riesgos. Sobretodo, del entorno más cercano, quienes nos aman, pero no están dispuestos a quedar en evidencia de que se atemorizan, y entonces  nos desaniman.

Es probable que,  en muchos casos,  sus planteos sean razonables, aunque eso no significa que canjeen su temor por el deseo de habilitar un espacio en el que concretar los proyectos. El ser humano es creativo por naturaleza. Está diseñado por Dios para crear. Siempre estamos creando,  tendemos a personalizar la casa, el auto, la ropa, el ambiente laboral, día a día ponemos el toque personal. Esa es la viva prueba de que nos sentimos plenos en la creación,  la construcción, la productividad. Nos hace completos, útiles, humanos. Y así vamos construyendo el camino para llegar a la meta. 

Extracto del libro  “Vivir el camino” del Dr. Sebastián Palermo.